Cuerpo, espacio y movimiento


La práctica del deporte y la expresión de la danza, aunque con finalidades distintas trata de manera muy directa de la exploración del espacio, a través del movimiento del cuerpo. Por tanto, cuerpo, espacio y movimiento son los tres elementos a coordinar para alcanzar un fin propuesto. La fuerza, el equilibrio, los reflejos, la intuición, inteligencia, etc.; es decir, la técnica y cualidades propias de cada expresión, ya sea en la danza o el deporte, se presupone a los dos ejercitantes. La diferencia está en el concepto de espacio.

Al deportista el espacio se le presenta definido previamente. En el atletismo, es el espacio unidimensional principalmente sobre el que se desarrolla: cómputos de tiempos en carreras lineales, medidas de longitudes en saltos varios o lanzamiento de objetos. En los deportes de campo o de equipo, se trata del espacio bidimensional, más o menos grande, con más o menos jugadores dispuesto a cubrir o desplazarse por áreas bien definidas. En la gimnasia, el espacio tridimensional, el volumen definido por un aparato: plinto, potro, barra, anillas, paralelas simétricas o no pero elevadas del plano del suelo y que definen un espacio de tres dimensiones, por el que el cuerpo se traslada condicionado exclusivamente a él.

En la danza no sucede así. El coreógrafo o bailarín con el movimiento de su cuerpo, podemos decir que crea el espacio. Es una idea del espacio mucho más subjetiva que la delimitada por las líneas blancas de un área, el listón o la cinta de llegada. El movimiento de una mano, los brazos, el torso, las articulaciones al plegarse o extenderse, reinventa espacios infinitos y descubre a nuestra vista, la subjetividad de ese otro espacio interior que poco a poco hemos ido conformando y donde se desarrollan nuestros pensamientos y nuestra imaginación, exteriorizando con su cuerpo las muy diversas emociones, sentimientos, pasiones, etc.

La propuesta que a continuación se expone, no pretende ser ningún estudio de proporciones del cuerpo humano. El canon de la figura humana, desde la antigüedad hasta nuestros días, desde la Venus de Willendorf hasta las figuras de Giacometti y las actuales pasarelas de la moda, es tan variado y existen tantas formulaciones y modelos, que todos son posibles. Para comprobarlo basta darse un paseo por la playa en un concurrido día de verano.

El presente estudio trata del movimiento del cuerpo obligado por la forma geométrica, al igual que lo hacen, en los templos de la antigua Grecia, las figuras encajadas en sus frontones triangulares.

La línea

El desplazamiento del punto en una dirección genera la línea. La vertical más dinámica que la horizontal y entre estas dos, la diagonal, la más inestable.
La línea curva, movimiento continuo. La quebrada, movimiento agitado, roto.

La forma aleatoria lineal


En principio determino una forma aleatoriamente, formas puramente abstractas: rectas, curvas, paralelas, convergentes, con predominio de lo vertical u horizontal, formas abiertas o cerradas, cóncavas o convexas. Ritmos lineales que por serlo ya nos dan idea, sensación de movimiento. Esa forma sugerida, no quiero ya llamarla abstracta insinúa y define directamente el dibujo de un cuerpo. La cualidad cinética nos viene dada por la forma-génesis, de modo que un ritmo muy quebrado transmitirá ineludiblemente cuerpos rotos o con escorzo exagerado.

En realidad sería el proceso a la inversa del llamado encaje en la técnica del aprendizaje de la copia de un dibujo. Pero mientras la copia de un modelo sólo pretende el adiestramiento técnico, la forma sugerida tiene muy diversas soluciones, me implica por tanto en un proceso creativo.

La forma poligonal

Los polígonos regulares son formas cerradas planas, producto de la repetición por simetría de una forma más sencilla: la línea recta.

En el apartado anterior sobre la forma aleatoria lineal, exponía cómo el movimiento del cuerpo quedaba expresado por formas lineales más o menos elegidas al azar, movimiento gestual puramente subjetivo. Pero este proceso no pasaba de ser un mero virtuosismo técnico, pura improvisación. Necesitaba de un proceso lógico de crecimiento de la forma y que no fuese puramente lineal: la forma poligonal; espacio cerrado por lados y ángulos diversos pero que contiene relaciones internas que serán puntos de referencia para la expresión del movimiento: centro, altura y diagonales.

El triángulo


El giro de una recta 60º forma el triángulo equilátero. Con el vértice hacia arriba nos remite al cuerpo femenino: hombros estrechos y caderas anchas. Con el vértice hacia abajo define el cuerpo masculino: los hombros más anchos que las caderas.

El cuadrado


El canon más reconocido, el de Vitruvio, define la altura del cuerpo igual a la distancia entre las manos con los brazos extendidos en horizontal y la cabeza una octava parte de la altura.

Si brazos y piernas se abren siguiendo las diagonales del cuadrado, naturalmente la escala se amplia. El triángulo inscrito en el cuadrado con la cabeza hacia su centro, nos remite al escorzo del Cristo de Dalí. Sobre el rectángulo √2, lado y diagonal del cuadrado, el cuerpo se desplaza extendiendo los brazos hasta los vértices del rectángulo.

El pentágono


Muy relacionado con el cuerpo humano por sus cinco partes sobresalientes: cabeza, brazos y piernas. A diferencia con el cuadrado, los brazos extendidos caerán por debajo de sus hombros, si los alineamos con la diagonal la escala empequeñece.

La estrella pentagonal, irregularmente trazada, nos produce mayor sensación de movimiento. Conocido es el logotipo de Miró para una entidad bancaria, donde una estrella azul, un pequeño círculo amarillo y otro más grande rojo, simulan a una persona introduciendo una moneda en una hucha.

La proporción aurea.

Simulación gráfica de la figura humana (femenina y masculina), inscrita en el dodecaedro, icosaedro (poliedros áureos) el cuadrado y la esfera. El ombligo situado a tres octavas partes de la altura del cuadrado, según Vitruvio, es el centro geométrico de los otros tres. Para Durero, ese era el punto de la división aurea de la altura de cuerpo. En realidad no se distanciaba mucho del canon vitruviano, pues la diferencia de uno y otro es mínima: (1- φ)-3/8=0.007.

El dibujo de Leonardo (homo vitruviano) tan reproducido y asociado al número de oro, resulta no decir nada de él. Se limita a trazar un círculo con centro en el ombligo y de radio los dedos medios de las manos alzados a la altura de la cabeza. Si fuese como se pretende, debería haber figurado entre las ilustraciones que realizó para el libro "La Divina Proporción" de su amigo Luca Pacioli. Este malentendido pueda tal vez atribuirse a un dato mucho más reciente. En 1953 Rafael Alberti publica un soneto en su libro "A La Pintura" dedicado al número de oro. En su último terceto, hace una referencia directa al dibujo de Leonardo sin nombrarlo y dice:

Luces por alas un compás ardiente.
Tu canto es una esfera transparente.
A ti, divina proporción de oro.

El hexágono


El giro de un triángulo equilátero 60º, define el lado del hexágono igual al radio de la circunferencia que lo circunscribe. Mientras que en el triángulo, en el cuadrado y en el pentágono la altura del polígono definía la altura del cuerpo, ahora lo será la diagonal. La diferencia entre el lado y la altura o diagonal del polígono comienza a ser mayor, lo que provoca una cierta desproporción en la figura inscrita.

La estrella hexagonal (sello de Salomón o estrella de David) identifica al pueblo judío y forma parte de la bandera de Israel. Más genéricamente, los dos triángulo invertidos definen el dualismo fundamental: la luz y las tinieblas, el agua y el fuego, lo femenino y lo masculino,... El andrógino suele representarse con una estrella de seis puntas en la mano.

El heptágono


Polígono de siete vértices y lados… demasiados para una sola figura. La relación entre el lado y su altura o diagonales son ahora manifiestamente desiguales, por lo que los vértices se convertirán en puntos de articulación de brazos y piernas.

En los tres dibujos la figura femenina permanece estable en una diagonal, mientras la cabeza masculina se desplaza por los vértices generando un movimiento de caída.

El octógono


El giro del cuadrado 45º dibuja la estrella octogonal tan comúnmente utilizada en los mosaicos árabes. El desplazamiento de las cabezas de las dos figuras por los vértices reproduce composiciones simétricas, cuyos ejes son la altura o su diagonal. Lo que no sucedía en el heptágono sucede aquí, al ser el octógono divisible entre dos.

El eneágono


Número impar pero divisible entre tres. Tres triángulos equiláteros girados uno con otro 40º. En sus vértices superiores las cabeza de tres figuras femeninas que se abrazan entre sí como "Las tres Gracias" de Rubens, en este caso la del cetro frontal. Las tres se apoyan en el lado de la base del eneágono formando simetría con los tres vértices superiores.

El decágono


Dos pentágonos girados 36º. Alturas y diagonales casi se igualan, mientras los lados empequeñecen ostensiblemente. En la estrella que dibujan las alturas del decágono, a modo de radios de una rueda, las figuras giran alrededor del pentágono central. Nos acercamos al círculo...

Lo cóncavo y lo convexo

La forma poligonal o su extremo el arco de circunferencia, contienen por igual dos posiciones contrarias: dentro y fuera, lo cóncavo y lo convexo. Al igual, la figura humana se acoplará a ella boca arriba (supino) o boca abajo (prono). La combinación de estas posiciones supondrán un mayor o menor esfuerzo.

Movimiento: supino-convexo o prono-cóncavo.

Reposo: supino-cóncavo o prono-convexo.

La semicircunferencia


Los diámetros de dos semicírculos definen el movimiento del cuerpo en posición paralela o convergente.

El círculo y la esfera


Para las figuras dentro de la superficie circular, su único punto de referencia será el centro y allí se dirigen brazos y piernas como los radios de una rueda. En la esfera ya no hay referente alguno, los cuerpos se agolpan indiscriminadamente conformando un todo complejo. La esfera no es más que un punto gordo...

El punto


Es el principio, máxima quietud, su desplazamiento genera la línea y esta por giro o traslación, los polígonos, etc.

Así, punto y esfera, son principio y fin de todas las formas.

Deformaciones reticulares

Una figura encajada en una retícula cuadrada, sufrirá las deformaciones en la medida que lo haga la retícula a la que se ajusta. La deformación será más o menos expresiva, dependiendo del tema y la dirección en que se altera. La proyección cónica siempre tendrá interés, por ser esta la que dibuja la sombra.

Recordando a Matisse

En la memoria está el cuadro de "La danza" de Matisse. Cinco mujeres bailan agarradas de la mano, sus cabezas y brazos configuran un pentágono que gira al ritmo de la danza. El giro circular de la forma pentagonal definirá los escorzos de frente, espalda y perfil. También sus recortes de papel coloreado referentes a partes esenciales de la figura del cuerpo humano, colocados adecuadamente, suponen un ejercicio sencillo y rápido para expresar el movimiento.